Quiénes hacen la historia

 

Quiénes escriben la historia

 

El trabajo del historiador

 

La historia del tiempo

 

Cómo estudio la Historia

                          El Espacio

                          El Tiempo

                          La organización económica

                          La organización social

                          La organización política

                          El universo simbólico

 

 

¿Quiénes hacen la historia?

 

Los individuos humanos vivimos en sociedad, es decir, nos relacionamos entre nosotros. Estas relaciones son de muy diverso signo, pero todas sociales.  Unas tienen que ver con la producción y distribución de bienes y servicios (ECONÓMICAS); otras tienen que ver con la forma de ordenarse las diferencias entre los individuos y grupos (ORGANIZACIÓN SOCIAL); otras con el poder (POLÍTICAS); y, finalmente, hay relaciones sociales que tienen que ver con la representación mental del mundo y de la sociedad (CULTURALES), culturales en sentido estricto: religión, costumbres, arte...

 

 

         Al relacionarse los individuos se producen ACONTECIMIENTOS (sucesos, hechos) que desencadenan nuevas situaciones, nuevos acontecimientos. Un conjunto de acontecimientos relacionados estrechamente entre sí se nos presenta como un FENÓMENO. Según el tipo de relaciones sociales predominantes, hablaremos de fenómeno económico, social, político...

 

 

         Pero ¡cuidado! Todos los fenómenos son históricos y son sociales. Y, de alguna manera, se implican los cuatro apartados señalados más arriba. Que lo llamemos económico, por ejemplo, significa que los acontecimientos aparentemente más relevantes tienen que ver con la producción o la distribución de bienes y servicios.

 

Todos los fenómenos están íntimamente interrelacionados: en la realidad son “inseparables”, pero podemos “disociarlos” para poder estudiarlos.

 

 

IDENTIFICA  el tipo de acontecimiento o fenómeno:

La programación de la televisión                      La predicación de Jesucristo.  Una guerra

Las fiestas populares.                                      El consumo de energía...           Una huelga.

La discusión en el Parlamento de una ley...        El problema de la vivienda       El problema de las drogas

 

 

¿Quiénes escriben la Historia?

 

La historia la hacen los humanos. La Historia la escriben los historiadores. La Historia es memoria, es una ciencia, es una asignatura y es... un “arma” muy peligrosa.

 

1.- Es memoria. Tu Historia (también llamada biografía) son tus recuerdos, tu memoria. Se puede decir que eres (somos) un cuerpo y memoria. Ahí está tu (nuestra) cualidad humana. La Historia de tu familia es la memoria de la misma. No la memoria que tu guardas de ella, sino el conjunto de recuerdos de todos los miembros y de quienes se relacionaron con ellos. Pero ¿cómo juntar los recuerdos para hacer “su Historia”? ¿“Coincidirán” los recuerdos?.

                   Esta última pregunta es clave. No se discute que tu primer día de colegio forma parte ya de la historia de tu familia. Pero en la Historia de ella ¿son idénticos tus recuerdos, los de tu madre, tu padre...? Claro que no. Son complementarios. Pero aún hay otras dudas: ¿nos acordamos de “todo”? ¿No nos engañaremos al recordar?. Los recuerdos son siempre subjetivos[1]. Lo objetivo son los datos y objetos compartidos. Por ejemplo, y respecto a ese primer día de clase: el calendario escolar de ese año (contiene la fecha exacta...); el libro de escolaridad tuyo (contiene el colegio, grupo, tutor o tutora...); las listas de grupos del colegio, facturas de los libros... y, si acaso, una fotografía en la que aparezcas tú. Esos datos responderían a preguntas que te hicieses para escribir tu Historia (o la de tu familia). Responderían al ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Con quién?, etc. Y hasta ¿Cómo?: si hay fotografía  (alegre o triste...).

 

 

2.- Es una ciencia. Una ciencia es un saber cierto, objetivo y comunicable, que se construye a partir de datos y dentro de una teoría. ¡Ahí es nada!. Conviene tener esto claro. En el conocimiento científico no cabe la opinión (porque no se habla de verdad, sino de certeza, de explicación posible y válida). Por eso la Historia no es una pérdida de tiempo: es enriquecer tu saber, entender el mundo en que se vive.

 

 

3.- Y es una asignatura, porque el conocimiento científico (=las “ciencias) se estudia así, en áreas o materias (=las asignaturas) donde los conceptos y teorías tienen un significado. Eso no quiere decir que haya diferentes “ciencias”. Hay una, un único conocimiento científico (de la Naturaleza y de la Sociedad) pero parcelando su estudio resulta más sencillo de aprender. Desde luego que, a cierta edad hay que ir integrando el saber que van proporcionando esas asignaturas. Ya tendrás tiempo. Pero empieza ahora.

 

4.- ¿Cómo puede ser un arma”?. Porque las ideas mueven montañas (=masas de gentes). Y contar una Historia falseada (tergiversada o supuestamente “verdadera”) lleva al desastre: a la juventud alemana de los años 20 y 30 de este siglo que acaba se les explicaba que Alemania se hundía por culpa de los judíos (luego, de mayores, esos niños y esas niñas se callaron o participaron en el Holocausto);

 

         De las ideas y de la situación que una/uno vive, nacen actitudes y de éstas nacen conductas, y luego...

 

 

Con la Historia hay que ser crítico; con la historia, ADEMÁS, comprensivo. ¿De acuerdo?

 

El trabajo del historiador.

 

Las fuentes históricas son los documentos que utilizan los historiadores (desde luego, también las historiadoras), para escribir la Historia. En esos documentos se encuentra la información necesaria para aproximarse al pasado. Un documento es cualquier “huella” dejada por los humanos del pasado (y las del presente, para quien haga la Historia en el futuro). Y decimos huella no de los pies, sino en el sentido de “pista” para ese historiador o historiadora futuros que, cual detective, reconstruirá con un relato, ese trozo de historia que pretende conocer o dar a conocer.

         Los documentos o fuentes pueden ser de muy diverso tipo, pero es posible clasificarlos para saber cómo utilizarlos y lo que nos pueden decir:

 

 

a) Según su “soporte”:

        

Las fuentes escritas, desde luego, no aparecen antes de la invención de la escritura, un hecho de singular importancia pero que ocurrió “sólo” hace unos 5.000 años. Esta escritura, desde luego, no era con el  alfabeto que utilizamos en nuestros días, pero la mayoría de esos escritos (sobre barro, papiros, paredes, piedras...) se puede interpretar y traducir. Algunas escrituras son con signos que representan no letras, sino ideas o también sílabas (piensa en los jeroglíficos egipcios o mayas, o en el chino).  Por otra parte, piensa que sólo hace 550 años que existe la imprenta, con lo que la mayoría de los documentos escritos del pasado, estarán escritos “a mano” (= manuscritos).

 

         Las fuentes materiales son las más diversas: cualquier resto de una sociedad es una fuente material: restos de edificios o de la distribución de la tierra que trabajan, de herramientas, vajilla, arte, armas, adornos...

 

         Las fuentes iconográficas hacen referencia a cualquier dibujo (icono =  imagen) como pintura, grabado, fotografía (ésta sólo desde hace 150 años), cine (hace sólo 100 años)...

                                              

 

b) Según su “origen”:

 

Todas estas fuentes primarias nos dan información, ahora bien, no todas son igual de fáciles de manejar y algunas, especialmente los restos materiales y las fuentes iconográficas, hay que ponerlas en relación, sobre todo, con su origen, es decir, para qué fueron usadas por la sociedad o el individuo que las tuvo en sus manos.

 

         Las fuentes secundarias, son aquellas que han reelaborado las primarias. Es decir, de alguna manera son producto de “alguien que quiso reconstruir la historia”: pueden ser leyendas; colecciones de museos, de archivos, de exposiciones, de bibliotecas; libros de historia...

 

 

Clasifica los siguientes documentos según el tipo de soporte y la época en que se producen.

 

Las pinturas de una iglesia                   Los diarios de Napoleón

La iglesia de S. Pedro de Tineo             Un romance

Un libro de historia                          Un dolmen

El archivo de un notario                     El archivo parroquial

Una exposición sobre radios antiguas        Una colección de cartas

Un arado                                     Un tractor

Los restos de un castro                      Un molino de agua

Un puente de piedra                         Una película

 

 

La historia y el tiempo.

 

Tendemos a creer que el tiempo es algo dado de una vez por todas. No es así. Tu tienes la experiencia de que "el tiempo" para ti no coincide ni con el reloj, ni con el calendario: se te impone.

        

Cuando te invade el aburrimiento o cuando esperas a alguien, el tiempo se te hace largo ¿no?. Esta sería una dimensión psicológica (personal e interna) de un supuesto tiempo externo (el que miden el reloj y el calendario). Ese tiempo psicológico te puede parecer largo o “eterno” cuando no hay cambio: “...sigue sin llegar”; “sigo sin encontrar gusta a esto...” = me aburro. Pero cuando lo estás pasando bien hay muchos cambios seguidos: acción; avance en tus relaciones; en lo que estás viendo... y entonces el tiempo “corre”, “pasa volando”.

 

El tiempo es cambio

 Sólo se percibe por el cambio. La “eternidad” sólo sería posible si se suprime el cambio.

 

 

 

Además del tiempo psicológico hay otras dimensiones. Y son las que más nos interesan ahora.

 

Quedó claro que la historia la hacen los humanos en sociedad, relacionándose entre ellos. Pues bien, el tiempo histórico se nos manifiesta, al menos, de tres formas:

 

·         La cronología (el tiempo cosmológico o astronómico)

·         El tiempo social (o diferencial: es el tiempo interno de las sociedades)

·         La periodización histórica (caracterización y agrupamiento de procesos y fenómenos)

 

 

Vamos a verlos un poco más detenidamente. Vaya por delante que las unidades de medida de "esos tiempos" son las mismas, pero su significado es diferente.

a) La cronología y el tiempo astronómico.

Hasta no hace mucho se creía que era el único tiempo que se podía tener en cuenta: todo ocurre en un "tiempo" y en un "lugar". Ese tiempo aparecería en el origen del Universo y tiene una dirección (de atrás hacia adelante). Nosotros lo vemos como algo natural: del pasado al presente y de aquí al futuro.

 

Sus manifestaciones tienen que ver con la Naturaleza: los días (sol), semanas (luna), estaciones y año (sol); etc.[2] Y se nos hace presente por el cambio.

 

        

Este fue el tiempo que primero identificaron los humanos. Luego captaron el de su propia vida. Y ambos los vieron cíclicos, circulares: se repetían algunos fenómenos que llamamos primavera, verano...; luna llena, menguante...; nacimiento, vida, muerte...etc. Y aprendieron a  medirlo: el calendario, y cada vez con mayores subdivisiones y precisión en la medida: el reloj.

b) El tiempo social o interno a las sociedades.

Del tiempo cósmico al tiempo social. Lo social, en principio, se acomodó a lo natural: dormimos de noche, cuando no hay luz natural; se siembra cuando hay garantía de que la semilla germinará, etc.

Todas las relaciones entre los individuos de una sociedad quedan encuadradas en el tiempo (cósmico) pero esa sociedad les asigna otro valor temporal: el tiempo social. Aquí tienes una serie de ejemplos de ese tiempo social:

 

·       niñez, juventud, madurez, vejez (la "vida" del individuo)

·       la generación de... (la "vida" de un conjunto de individuos)

·       la época de... (el pasado concreto de alguien o de una sociedad)

·       érase una vez... --o antiguamente... - (el pasado indefinido)

·       vacaciones/trabajo (año)

·       trabajo/fin de semana (semana)

·       trabajo/ocio/necesidades vitales (día)

·       etc.

 

 

Como puedes observar son muy diversos los niveles pero hay características comunes:

1.   Lo personal y lo social están íntimamente unidos;

2.   Los acontecimientos se enmarcan en el tiempo social de forma más clara que en el tiempo cósmico;

3.   Es un tiempo que se construye (y reconstruye en la memoria) continuamente: sumando acontecimientos y poniéndolos en relación;

 

 

Precisamente esta característica de "construcción" nos permite entender las "dimensiones" que tiene:

1.   el tiempo social es resultado del "cambio" en las sociedades. De cambios que no siempre tienen una dirección clara: lineal, cíclico, avances y retrocesos...

2.   el cambio se identifica por oposición  a la duración: perdura lo que no cambia y viceversa.

3.   la vivencia de los cambios para los individuos puede ser simultánea (y hablamos entonces, de contemporáneo) o sucesiva.

4.   el antes y el después, entendiendo que hay relación entre acontecimientos: causa Þ consecuencia.   

 

 

El tiempo social es un tiempo relacional: es decir, se construye a partir de las relaciones que establecemos (socialmente) entre acontecimientos (sociales). Y eso, se puede investigar. El historiador investiga y estudia esa construcción. Si tú lo estudias tendrás un mayor control sobre él.

c) La periodización.

El historiador, cuando investiga en el tiempo social –sólo ahí puede "encontrar" los acontecimientos que transforma en hechos o datos—y  para clarificar las relaciones entre los acontecimientos, procesos y fenómenos, se inventa los períodos. Así, se puede decir perfectamente que el siglo XX no tiene 100 años, pues comenzaría en 1914 (inicio de la Primera Guerra Mundial) y terminaría en 1991 (desintegración de la URSS)[3]. O hablamos de la Edad Media para encuadrar una serie de fenómenos históricos (económicos, sociales, políticos y culturales) que conocemos como feudalismo. O hablamos de la época de los descubrimientos. O de la era napoleónica... etc.

 

         El período es un marco, diríamos que no real, pero necesario para entender el significado de esos fenómenos que reconstruye el historiador. Es decir, sin periodización no hay Historia. Por supuesto, habría historia, pero nadie podría entenderla.

                                              

La periodización se “fecha” sobre el calendario, que no es precisamente el almanaque. Un calendario es un sistema de notación del(os) tiempo(s) cósmico y social. Integra lo cíclico (el año) del tiempo cósmico, y lo lineal del social (era). Casi se puede decir que cada sociedad tuvo su calendario--era. Y es que cada sociedad, quería situar su historia en una línea hacia atrás y hacia adelante que le permitiera fijar fácilmente los fenómenos y acontecimientos que quería recordar o preparar en el futuro.

 

         Los egipcios fechaban desde que subía al poder un faraón; los griegos desde las Olimpiadas; los romanos desde la fundación de Roma... nosotros desde el nacimiento de Cristo; los musulmanes desde que Mahoma comenzó la predicación de su religión; etc.

 

 

Esta regleta supone dos siglos cada celdilla, o sea, 200 años. Los números de debajo de la tabla son los años 1, 200... de nuestra era.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Judíos

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Grecia

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Roma

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Occid.

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Islam

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                                                                                                                                                            1         200       400        600        800    1000     1200     1400     1600     1800    2000

 

 

En España y los demás países de cultura occidental se ha escogido un calendario basado en el calendario cristiano, que toma como año uno el año en que se supone nació Jesucristo, ya que ahí comienza la nueva historia para el cristianismo. Pero las investigaciones realizadas por los naturalistas y los historiadores reflejan que la historia comenzó muchos años antes: la aparición de los humanos sobre la Tierra tuvo lugar hace más 1,5 millones de años: las primeras formas casi humanas (homínidos) aparecen hace 4,5 millones de años.

 

 

Una de las formas más habituales de representar los períodos históricos son los ejes cronológicos, que tratan de presentar gráficamente y de forma clara los acontecimientos históricos y, en ocasiones, también de etapas o épocas históricas. La escala de las divisiones, como las de una regla, debe ser igual para todos los tramos: imagínate que un siglo es un centímetro, y una década (=diez años) un milímetro.

 

 

Los historiadores de los países con tradición cristiana, fundamentalmente europeos, no se conforman con dividir la historia en antes y después de Cristo (= a.C.) sino que han realizado divisiones en períodos más cortos a los que denominan edades, que son una agrupación de siglos porque se considera que tienen alguna característica común, generalmente una forma de economía (=de producción y distribución de la riqueza) parecida. De esta forma, se habla de Paleolítico o “edad de la piedra antigua”, en que los humanos eran cazadores y recolectores, o sea, cogían de la Naturaleza lo que necesitaban; el Neolítico o “edad de la piedra nueva o pulimentada”, en que los humanos comienzan a cultivar los campos y domesticar animales; la Edad Antigua, en que aparece la ciudad y el Estado, nuevas actividades productivas y, decididamente, el comercio, además de utilizar los esclavos como mano de obra  predominante para producir; en la Edad Media, al final del Imperio romano, los esclavos son sustituidos por siervos, a los que se considera “personas”  (los esclavos no) pero que tienen que trabajar obligados; en la Edad Moderna, el comercio y el desarrollo de la manufactura, junto con otros numerosos factores, preparan lo que, en la Edad Contemporánea, conocemos como producción industrial, con obreros asalariados y máquinas y una utilización fuerte de la ciencia y la tecnología. En esta edad contemporánea han sucedido muchísimas cosas que han cambiado definitivamente a la humanidad.

 

 

Como es natural, la historia tiene muchos más aspectos que los que te he señalado y que entran en conjunción con esas características de la economía. Pero, eso, ya lo irás viendo a lo largo del curso. Tampoco se puede poner una fecha de comienzo y final exacta para el “cambio” de edad, pero se aproxima con un acontecimiento que refleja el nuevo signo de los tiempos. Por ejemplo, se suele poner 1492 como comienzo de la Edad Moderna, porque en esa fecha los europeos llegan a América para no abandonarla ya, y eso fue muy importante. Pero también se utilizan, en ese mismo siglo XV otras dos fechas: 1445 en que se publica el primer libro de imprenta o 1453, en que los turcos conquistan Constantinopla, la “segunda Roma”, casi 1000 años después de la caída de Roma (en el 476), que, a su vez, marca el comienzo de la Edad Media. ¿Y la contemporánea?, pues se dice que la Revolución francesa (1789) cambió para siempre la idea que se tenía de sociedad y de cómo debía funcionar y organizarse la sociedad.

 

Para poder “navegar” por los siglos de la Historia, te voy a proponer un ejercicio que, primero harás con lápiz y papel, pero luego tienes que hacerlo sólo con la cabeza. Antes te preparo para ello: en nuestra “era cristiana”, decimos antes de Cristo (a.C.) y después de Cristo (d. C. o, simplemente, no se pone nada; sí es obligado ponerlo cuando nos referimos a “antes de Cristo”). El primer año del siglo primero después de Cristo comienza el 1  de Enero y acaba el 31 de Diciembre; así el siglo I comienza el año 1 y acaba el 31 de Diciembre del año 100; de la misma forma, el siglo en que vives, comenzó el 1 de Enero de 1901 y acabará el 31 de Diciembre del 2000. El “tercer milenio” no comienza, pues, en el 2000, sino en el 2001.

 

 

Intenta ahora poner al lado de cada año el siglo al que pertenece:

1003                  711                    21 a.C.               622 a.C.

46 a.C.               410                    752 a.C.              490 a.C.

323 a.C.              1492                  1715                  1102 a.C.

1588                  1300 a.C.             1996                  622

776 a.C.              476                    212                    313

 

 

¿Qué tal te fue? Pues ahí no acaba todo. Ahora vas a representar esos años en este eje cronológico. Haz en tu cuaderno un eje como este:

 

                                                        a.C.Ü   Þ d. C.            

ï   ï   ï   ï   ï   ï   ï   ï   ï   ï   ï   ï   ï   *   ï   ï   ï   ï   ï   ï   ï   ï   ï   ï   ï   ï   ï   ï   ï   ï   ï   ï   ï

 

 

 

Otras cuestiones que quiero plantearte son las siguientes:

¿Por qué se dice que cumples 15 años cuando realmente comienza el decimosexto año?

¿Quieren decir lo mismo las siguientes expresiones?:

v      Tener 1 año

v      El primer año de vida

v      Cumplir un año.

Explícalo en el cuaderno, por favor.

 

¿Cómo estudio la Historia?

 

Comprender algo es aclararse cuando se le está estudiando. Para ello trabajar con orden, sistemáticamente, es importante.  Y, como APRENDER ES RESPONDER A PREGUNTAS...

 

Toda la vida y, por supuesto, la de los humanos en sociedad se da en el ESPACIO y en el TIEMPO. Así, pues, es por ahí por donde debemos a empezar a estudiar cualquier sociedad: el espacio en que habitó o habita; el tiempo en que lo hizo o lo hace.

 

 

¿Dónde viven?:

EL ESPACIO (físico y humano) HISTÓRICO.

 

Ya has estudiado Geografía, así que ya sabes de qué hablamos.

El espacio físico lo componen la orografía, el clima, la vegetación y la fauna.  Es en ese espacio donde se van a desarrollar las actividades humanas: la “humanización” del espacio, el aprovechamiento de lo que llamamos  “recursos”. Además, ese espacio físico hay que estudiarlo como fuente de ventajas (los recursos) y de obstáculos: barreras y dificultades que las sociedades deben superar adaptándose al terreno. El ingenio humano es capaz de transformar barreras en ventajas.

 

 

A continuación hay saber que hay dos tipos de “paisaje” humano, de espacios humanizados: el campo y la ciudad. Y entre los que viven en uno u otro de esos espacios se establecen unas relaciones de subordinación o de complementariedad.

 

Las vías de comunicación: por donde y cómo viajan esos humanos.  Se desplazan y transportan. Las vías de comunicación unen gentes y por esas vías llegan o salen ideas además de emigrantes, soldados o mercancías.

 

 

Todo colectivo humano se apropia del espacio en el que vive: “marca” unas fronteras. Estas pueden coincidir con barreras naturales o ser unas líneas imaginarias, artificiales, que delimitan el territorio. Y dentro de esas fronteras, para poder “administrarlo” se hacen divisiones internas: provincias, comarcas...

 

 

La apropiación del espacio por una sociedad une a ésta para su defensa frente a extraños. Pero si a eso lo llamamos territorio, lo cierto es que los individuos concretos (mejor, las familias)  sienten un apego más fuerte por trozos más pequeños de ese territorio: la tierra que trabajan, en la que construyen o en la que realizan la mayor parte de su vida. Y esa tierra la defienden con uñas y dientes y, para evitar la violencia dentro de esa sociedad, la ley garantiza el uso y disfrute de la tierra. Como siempre, unos tendrán más derechos que otros.

 

 

¿Cuándo fue?:

EL TIEMPO HISTÓRICO.

 

Ya hemos hablado más arriba del tiempo: cronología, tiempo social y periodización. Ahora se trata de que utilices esos conocimientos para estudiar una sociedad.

 

Toda sociedad se da en el tiempo. Hay un antes y un después. Entonces es obligado situarla: fecharla.  Aquí hablamos de eras, edades, milenios o siglos, épocas, períodos... Es decir, de “marcos temporales”: la delimitación entre el final del antes, y el comienzo del después. En ese marco es en el que se desenvuelve la sociedad que estudiamos. Pero mucho ojo: sólo sirve esto para estudiar esa sociedad, porque en la realidad no existen esas delimitaciones: en plena Edad Media, en Europa, nadie sabía que vivía en la Edad Media (desconocían que iba a haber Edad Moderna) aunque sí sabían que sus “tiempos” no eran los “tiempos de los romanos”: es decir, sabían que algo había cambiado (además, creían que para peor).

 

 

El tiempo sólo lo notamos porque hay cambio. Por eso, al delimitar esa sociedad hay que fijar cuál es el cambio tan profundo que nos permite señalar esa sociedad como algo nuevo, diferente de lo anterior.  Ahora bien, por profundo que sea el cambio, siempre hay mucho que no cambia: es lo que continúa apenas modificado: esa continuidad también hay que anotarla. Y más aún: esa sociedad está continuamente cambiando: surge de un cambio y cambia continuamente. Un cambio profundo y rápido lo llamamos revolución; el cambio revolucionario es lo que generalmente permite hablar de una sociedad nueva. Pero  puede ocurrir que numerosos cambios de pequeña envergadura —reformas— se  acumulan sucesivamente y al cabo de varias generaciones también dan lugar a una sociedad nueva.

 

Los cambios se suceden. Los cambios, desde luego, los provocan los individuos humanos en esas relaciones que establecen entre ellos. Por eso podemos decir que los cambios son causas y consecuencias. Y, por supuesto, los “causantes” y los “consecuentes” (o sea, los que sufren o disfrutan esos cambios) son también individuos. La sucesión en los cambios, nos permite ver una especie de “hilo conductor” entre hechos o entre fenómenos históricos.

 

El cambio, acabas de ver que puede ser rápido o más lento. Eso  permite hablar del ritmo del cambio. Y eso es muy importante: una sociedad que cambia rápidamente, o sea, una sociedad dinámica, vive “rápidamente” y los cambios tan seguidos tienen un coste, o sea, se viven  disfrutándolos unos, sufriéndolos otros. De eso también hay que dar cuenta. Una sociedad donde los cambios se dan lentamente, es una sociedad estática, y eso también tiene un coste para algunos, los que sufren con el mantenimiento de esa situación, y los que disfrutan de esa estabilidad.

 

Normalmente, los cambios se “apuran” durante un cierto tiempo y luego se “ralentizan”, para volver a apurarse después, en otro momento.  Cuando se ralentizan es porque la gente necesita  “digerir” esos cambios, adaptarse. Eso permite hablar también de ciclos, y de algo muy importante: la coyuntura. La coyuntura es el conjunto de características de ese momento histórico que llamamos ciclo. La coyuntura se opone, para entendernos, a la estructura: el conjunto de características de esa sociedad  en un “tiempo más largo”. La coyuntura modifica la estructura que es tanto como decir que ese conjunto de características cambiando van a transformar todo o parte de esa sociedad, de su estructura.

 

 

Tenemos claro que toda sociedad se da en un tiempo. Ahora bien ¿cómo vive esa sociedad “su” tiempo?.  Los individuos  que viven al mismo tiempo son siempre, coetáneos. Pero si, además, comparten muchas de las características de esa sociedad, decimos también que son contemporáneos. Coetaneidad y contemporaneidad son dos características temporales tanto de los individuos como de las sociedades en una época histórica. La civilización maya en su momento de mayor esplendor es coetánea de la sociedad medieval europea, pero no son contemporáneas: sus “mundos” son radicalmente diferentes. Lo mismo pasa con personajes como Ricardo Corazón de León (europeo, de Inglaterra), Saladino (musulmán,  del Kurdistán), Yoritomo Minamoto (japonés), Prithviraj III (asiático, de La India), Gengis Khan (asiático, de Mongolia): todos son dirigentes políticos pero de culturas tan distantes entre sí que bien puede decirse que viven en “épocas” diferentes, que es tanto como decir que viven “mundos” diferentes, aunque todos coinciden –son coetáneos— en el año 1191 del calendario occidental. Sin embargo, Ricardo Corazón de León, Federico Barbarroja, Felipe II Augusto de Francia, Alfonso VIII de Castilla y Alfonso IX de León y Alfonso II de Aragón, son contemporáneos (además, de ser coetáneos pues todos  viven en ese año 1191): son europeos, cristianos y entienden el ejercicio de su poder de la misma manera. Incluso visten, comen y entienden la vida de la misma forma.

 

 

Otra cuestión que debe tenerse en cuenta al estudiar una sociedad es cómo miden el tiempo (o sea, “el cambio”) y cómo lo viven. Tradicionalmente la generación (más o menos 25 años) es tanto una forma de medir como una forma de “vivir” el tiempo: el “tiempo” de nuestros abuelos, el “tiempo” de nuestros padres, nuestro “tiempo”... y, claro, cada generación vive la vida con sus “peculiaridades”: ¿cómo viven las niñas y los niños o la adolescencia?. Además, la coexistencia de individuos niños, mayores y ancianos, permite “fechar” las vidas de esos individuos: la “niñez”, la “mayoría de edad” o el tiempo de adulto, y la “vejez”. Y cada “edad” se la trata de forma  diferente.

 

Finalmente de cada sociedad debe tenerse muy presente su forma de medir el tiempo y de fechar, tanto el continuo y largo (calendarios), como los períodos (era de), y el tiempo corto: año y sus divisiones, día y sus divisiones. Y los aparatos de medida.

 

 

¿De qué viven?:

LA ECONOMÍA.

 

Has visto más arriba cuatro grandes tipos de fenómenos históricos. Ya sabes, pues, lo que es un fenómeno y qué nos permite caracterizarlo o clasificarlo en un tipo u otro.

        

Decíamos que la economía es todo lo que se refiere a la producción, la distribución y el consumo de bienes y servicios, o sea  la riqueza de una sociedad. La Economía estudia eso. O lo que es lo mismo, intenta responder a las preguntas de ¿quién produce?, ¿qué se produce?, ¿cómo se produce?, ¿cómo se reparte?, ¿quién consume qué?, etc. Y también, los conocimientos y teorías que esa sociedad tiene sobre lo económico.

 

 

¿Quién produce la riqueza? La población activa. Y la población en general también es la que se lo reparte y lo consume, al menos la mayor parte de esa riqueza. La población es el número de individuos (¡no confundir con sociedad: no es lo mismo!) en un territorio. Esa población no es homogénea: diferente edad, dos sexos, diferentes capacidades, unos trabajan y otros no, etc. Eso es la estructura de la población (¿te acuerdas de las “pirámides de población”?).  Luego, hay que tener en cuenta cómo ocupan el territorio: en unos lugares se concentran más –las tierras favorables para el cultivo, por ejemplo— y otros están más dispersos —las zonas difíciles de trabajar o desérticas—  y eso es la densidad. El reparto campo—ciudad, o lo que llamamos distribución. Y los movimientos: las migraciones; piensa que hoy, prácticamente ninguna sociedad, salvo sociedades perdidas y ancladas en “otra época”(=no contemporáneas) es “pura”: todas son resultado de intercambios de poblaciones o migraciones: invasiones; desplazamientos para buscar nuevas oportunidades de vida: emigrantes, repobladores...; desplazamientos forzados porque algunos grupos humanos les empujan (los refugiados hoy, los germanos hace 1650 años, los judíos españoles hace 500 años o los moriscos españoles hace casi 400...),  o los trasladan forzosamente (millones de africanos  hacia América,  cientos de miles de moriscos levantinos hacia Aragón hace casi 800 años...).

 

 

En toda época los gobernantes quisieron saber la población de sus dominios. Eso les servía  para conocer los efectivos con que contaban para producir, pagar impuestos, componer ejércitos, etc. Parece ser que la escritura nació, precisamente, para llevar esa contabilidad: en Mesopotamia, en Egipto, en China, en la India, entre los mayas, y el sistema tan peculiar de los incas, el quipu. Además, ese interés de los gobernantes les llevó y lleva en numerosas ocasiones a favorecer la natalidad. Y  frenar la mortalidad. ¿Te has preguntado por qué el aborto es un “pecado” y/o “delito”? ¿Por qué la eutanasia se ve como un suicidio (=también pecado y delito)? ¿Por qué la venganza es lo primero que liquidan las sociedades que tienen Estado y pasa a ser el Estado el único que puede dictar la “pena de muerte” por el homicidio? Y, finalmente ¿por qué el “no matarás” de todas las religiones universalistas? ¿Por qué “tener los hijos que dios nos dé? . A más población mayor poder para el gobernante. Claro que, un exceso genera tensiones: la lucha por la tierra, por el agua, por los recursos en general. La guerra es un medio también de frenar el crecimiento de la población. Y si eso le genera más recursos (=riqueza o territorios) al gobernante y a quienes lo apoyan, pues “p´alante”.

 

         Pues bien, sabemos de esa población por esos registros. Hasta 1800 son poco fiables (o no se conservan) en Europa: se contaba el número de familias, o se fiaba la contabilidad a los gobernantes de las divisiones territoriales menores (provincias, ciudades, villas, aldeas...): son los fuegos o vecindarios.  Desde  mediados del s. XVI la Iglesia obliga a llevar la contabilidad de las “almas”, así  registra por parroquias, los nacimientos, los matrimonios y las defunciones. Pero ya los romanos: según los que escribieron los evangelios, Jesús nació durante la convocatoria para la realización de un censo por el gobernante romano Octavio Augusto. Y hoy, además, el conocimiento que se tiene a partir de los censos permite prever necesidades sociales y adelantarse al tiempo.

 

 

¿Qué se produce? Bienes y servicios. Esos son los productos que componen la riqueza de una sociedad.  De los recursos naturales (=materias primas) junto con los recursos humanos(=conocimientos, trabajo e inversión) saldrán las manufacturas y los servicios.  Identificar y conocer lo que produce una sociedad es casi tanto como  saber de qué vive.

 

 

¿Cómo se produce? Acabamos de decir que conocimientos, trabajo e inversión son los recursos humanos. El conocimiento es la tecnología de que se dispone (ciencia y técnica; y ésta última es tanto la herramienta y la máquina como su uso). El trabajo es el conjunto de personas que produce (la población activa ocupada) y cómo se organizan para trabajar. Aquí hay que tener en cuenta varias cosas: en toda sociedad hay la necesidad de producir, o sea, de trabajar; de lo que no hay obligación es de que todos trabajen, y, desde luego, de que trabajen en lo mismo. Unos trabajan, otros coordinan o dirigen... y otros  se aprovechan de los que trabajan presentando tal o cual derecho a recibir el producto (o parte del mismo) sin ensuciar las manos. Unas veces será que, el “jefe” es el jefe; otras que servir a la religión ya es trabajo suficiente; otras... pues, por ejemplo, que la tierra es del “dueño” porque la ganó en la guerra o la heredó o la compró. Y quien dice la tierra, dice el taller o fábrica, el barco, la máquina... En fin, que el Derecho, recoge “derechos”, la mayoría de las veces “sagrados” y, por tanto, el resto de la sociedad debe respetarlos. El derecho de propiedad a lo largo de la historia ha sido fuente de conflictos continuamente: dado que es la única fuente para acceder a la riqueza que tienen los individuos, quien no tiene propiedad sólo  puede esperar a que le ofrezcan la oportunidad de trabajar a cambio de  su subsistencia: sea comida, sea  dinero para comprarla.  Si es dinero y puede ahorrar (casi imposible) podrá acabar teniendo él también propiedad. Pero, el derecho de propiedad, también da “derechos” para con el producto del trabajo: el “dueño” dispone de lo que se produce: lo consume, lo vende, lo regala, lo acumula... o lo reinvierte para seguir produciendo más o mejor. Y es que sin trabajo no hay riqueza, pero sin inversión tampoco. Se invierte para reponer; la siembra es para una posterior cosecha; la compra de una máquina es para producir más o mejor; la preparación de una tierra de labor a partir de una tierra inculta es para producir... Quien invierte, arriesga, y eso parece que también da derechos: a una mayor parte del producto que se genere.

        

El derecho de propiedad sobre la tierra o sobre los edificios da “rentas”; el trabajo da “salario”; y la inversión da “beneficios”.  En eso se resuelve lo que se produce, o sea la riqueza. Así pues, en toda sociedad hay que fijarse en como se reparte esa riqueza. Y esto es importante porque casi siempre el grupo social que se lleva la mayor parte es el mejor considerado y por tanto el que mejor vive.

 

 

¿Cómo se distribuyen los productos? Siempre en el intercambio. Bueno, siempre que haya excedente, o sea, que se produzca más de lo que se necesita para sobrevivir, tanto el trabajador como el dueño de la tierra o la fábrica. El intercambio, al menos desde que existe la civilización (o sea, la ciudad) se hace a través del comercio. El comercio supone un mercado. Mercado es tanto el lugar físico y real donde se intercambian los productos –mercadillo, zoco, rastro, tienda...—, como el lugar imaginario resultante de la suma de todos los consumidores posibles. En el mercado se encuentran vendedores y compradores (también “imaginariamente”, al menos cuando se calcula para producir más o menos: si no va a haber clientes, o sea mercado, pues no se produce tanto) e intercambian los productos –trueque— o productos por objetos con un valor imaginado—dinero—. El dinero, desde hace aproximadamente 2.700 años en el Mediterráneo, empieza a adoptar una forma peculiar: un trozo de metal estrecho y plano con las dos caras grabadas y, normalmente una  representa al gobernante que garantiza el valor de esa... moneda. Y es que la moneda, como se puede fraccionar (o sea, otras monedas con valor menor), atesorar, transportar fácilmente... facilitan el comercio. El sistema monetario y los juegos que el gobernante haga con el valor de la moneda son importantísimos para el funcionamiento de la economía.

 

El comercio sigue unas vías.  Por tierra o por mar, esas rutas son caminos por los que circulan, además, ideas. Son caminos que unen.  Y son caminos que todo el que puede quiere controlar: asaltar el barco o la caravana, o exigirle una parte de lo que lleva –peaje, aduana— da lugar a riqueza fácilmente, sin mayor esfuerzo que hacerse con el control de esa ruta y defenderlo ante quien lo dispute.  Los puntos habitados por los que pasan esas caravanas (o los puertos) se convierten en lugares ricos y florecientes: la mayoría de las ciudades en la antigüedad se fundan aprovechando esas rutas: Petra, Samarcanda... en las rutas de la seda; Tombuctú en las rutas del oro africanas; Zamora, Salamanca, Mérida en la ruta de la plata en España;  Las Vegas en la ruta del oro californiano en EE.UU, etc. No es de extrañar que los gobernantes, en general, favorezcan el comercio.

 

 

¿Quién consume qué? Más el que tiene que el que necesita. Todos –y siempre fue así—consumimos. Ahora bien, consumir es una forma de demostrar o de emplear la riqueza que se tiene. Por ello, además del consumo necesario (comida, vestido...) se da el consumo suntuario, o sea de lujo. El lujo es una consecuencia de la acumulación de riqueza y la moneda lo facilita, aunque el consumo suntuario, desde luego, se da antes de la existencia de la moneda también.  El consumo obliga a producir para satisfacer esa necesidad (de comida, de ropa, de vivienda... de lujo). Por eso el consumo empuja a invertir y a trabajar: eso es bueno pues mantiene ocupada a la población.  Pero si los consumidores de algunos productos son escasos, se produce poco. Y si se consume poco de casi todos los productos (porque la mayoría sean “pobres”: su riqueza disponible no da más que  para malcomer, malvestir... malvivir) a eso lo llamamos subconsumo y, claro, eso no invita a invertir, por tanto no se genera empleo, por tanto... todo sigue igual: ricos (que consumen), pobres (que malviven) y miserables (que desfallecen de hambre o que se les rechaza para no compartir nada con ellos: son los marginados o excluidos). Cuando la pobreza o la miseria se generalizan hay estallidos de violencia o, lo más habitual, “delincuencia” generalizada: bandolerismo, piratería, razzias, pogromos...

 

 

¿Cómo viven?:

LA SOCIEDAD.

 

La sociedad es el conjunto de individuos que ocupan un territorio amplio, en un tiempo histórico determinado, y que se interrelacionan  de múltiples formas, se organizan siempre de forma que todos puedan sacar provecho de la situación, pero... unos van a estar mejor que otros. Y eso lleva a la creación de grupos sociales amplios (casi siempre de forma “imaginada” y, en consecuencia “real” también); lleva a la ordenación de esos grupos  jerárquicamente; lleva a que las relaciones entre ellos se planteen como conflicto de intereses; lleva  a que se busquen formas de integración  que eviten la violencia que se puede desatar; etc.

 

El hecho de que no todos los individuos acceden a la riqueza en la misma proporción ya es una fuente de “desigualdad”.  En ocasiones, la desigualdad nace por otras razones: no es de nuestra “sangre”, es un “extranjero”, tiene otras “creencias religiosas”,... eso por lo que respecta a la desigualdad en negativo; en positivo: es fuerte y valiente, es quien nos ha conquistado, es inteligente, tiene contacto con los dioses... Claro que, esto, en una sociedad no le pasa a un solo individuo: pasa a muchos.  Y esa desigualdad les lleva a sentirse en comunión de intereses frente a quienes creen que son los responsables de la situación (en negativo) o frente a quienes pueden disputarles la primacía (la desigualdad “en positivo”). Así  surgen las “capas sociales”, los estamentos, las castas, o las clases sociales.

 

Estos grupos se ordenan y la ordenación lo es en una escala imaginada pero de una gran efectividad y un valor real que se defiende en el Derecho, en la Religión, o con la violencia. Quién está en lo alto no tiene ningún interés en que cambie esta organización, pues eso beneficia a ese grupo social al permitirle acceder al mejor “trozo” de la riqueza. Quien está en una posición intermedia, juega a la  posibilidad de la que saque mayores ventajas en ese reparto de la riqueza: puede aceptar la subordinación o sumarse a quien proponga un cambio de la situación, incluso proponerlo ese grupo. Y quién está en lo más bajo de esa escala social  hace el cálculo de lo que puede perder (la vida, lo poco que tiene...) y lo que puede ganar y actúa en consecuencia.

 

 

La verdad, no es así de simple casi nunca: quienes se benefician  más de la situación ya procuran  “engañar”  y “sujetar” a los grupos que les pueden disputar esa situación privilegiada. Para ello la “ideología”, el Derecho, el control del poder político... las instituciones de socialización o el control social (ver más abajo) se utilizan continuamente. Es decir buscan la integración de los individuos uno a uno en la sociedad: como individuos se les “educa” en la convivencia pacífica y el respeto a la tradición.  E integrarlos como grupo: los rituales como  la fiesta (religiosa o laica) o el deporte;  el convencimiento de que todos los grupos están incluidos en un gran grupo porque pertenecen a la misma tierra (nacionalismo), a la misma religión (hijos de un mismo dios)...

 

Las relaciones entre los grupos sociales son siempre conflictivas pues tienen intereses diferentes acerca  del acceso a la riqueza, de su control y de su reparto. Ahora bien, la convivencia es lo normal: la subordinación se suele aceptar y los conflictos, si no son muy agudos se solucionan a poco que se presione. Pero, cuando la presión es muy fuerte, y los que están más alto no ceden nada, estalla la crisis social. Aquí el conflicto es abierto, la violencia suele aparecer al menos esporádicamente. Si quienes se echan a la calle están organizados y son muchos, la revolución está en marcha. Si quienes están en lo más alto no controlan la situación, serán reemplazados. Pero quede claro: la revolución cambia la ordenación, no impide que “abajo” siga habiendo otros. Al menos hasta ahora fue siempre así. Intentos hubo que consiguieron reducir drásticamente el número de los que “estaban abajo” nivelando los grupos. Pero hasta eso generó también situaciones difíciles de sostener, por extraño que parezca.

 

 

Para integrar a los individuos y facilitar la convivencia (y, por tanto, la aceptación de la situación que le toca vivir a su grupo social correspondiente) están las instituciones sociales y las formas de control social.

 

Las instituciones sociales se encargan de la socialización, es decir la introducción en sociedad del individuo. La institución, más presente a lo largo de la historia es la familia: en ella se inculcan los valores y la visión de la sociedad  y a la familia se le hace responsable de la integración del individuo durante una gran parte de su vida (hasta la mayoría de edad); las asociaciones de diverso tipo que se dan en la sociedad (ya desde los romanos está regulada por la ley su existencia) permiten también a los individuos integrarse en la sociedad.

 

Y el control social se ejerce desde instituciones como la ley, el sistema judicial, el sistema penal, las fuerzas de seguridad, la religión, la escuela...o la moral .. que tienen “poder”. En todo caso buscan vigilar y castigar a quien se sale de la “norma”, o sea de su lugar en la sociedad. Y salirse de la norma puede ser  exigir  otra forma de ordenarse la sociedad, pensar de forma radicalmente diferente, rechazar lo que dice quien controla el poder (y lo controla porque está en lo alto de la escala social), o atentar  contra la tradición...

 

 

¿Quién manda?:

EL PODER POLÍTICO.

 

El poder tenemos la costumbre de identificarlo con determinadas personas que “lo tienen”. Y de alguna forma, es cierto. Pero esas personas tienen poder porque están en una posición de poder dentro de la sociedad: su poder deriva de que son “obedecidas” por el resto de los individuos. Y es que el poder sirve para obligar a hacer lo que normalmente puede que no se haga y a eso lo llamamos poder político cuando se  ejerce sobre la sociedad.

 

 

Pero el ejercicio del poder en todas las sociedades ha sido regulado. Para ello, en todas las sociedades, el poder que ejercen algunas personas se liga a unas instituciones políticas y son esas instituciones, en realidad, las que tienen el poder: las ocupan personas pero cuando éstas son desplazadas (o abandonan “el cargo”...) quien ocupa su lugar adquiere automáticamente el poder. Las personas que ocupan esas instituciones tienen autoridad y su legitimidad está en la forma de llegar a la institución: de acuerdo con la tradición o con la ley. Lo ilegítimo es fuente de conflictos y de rechazo:  la rebelión, antes o después, está servida.

 

 

El poder político ha de cumplir las “funciones” que la sociedad le encomienda: hacer la ley, vigilar que se cumpla  y juzgar cuando no se cumple.  Pero, además, el poder político sirve para dirigir a la sociedad  hacia  unas metas fijadas: desarrollarse, mantenerse tal cual,  enfrentarse a otras sociedades... y, sobre todo, dirigir la producción para  que la sociedad no se derrumbe (ocasionalmente, también,  puede intervenir en la distribución).

 

 

Al conjunto de instituciones políticas más las relaciones que se establecen entre ellas y el resto de la sociedad lo llamamos sistema político o forma de gobierno (incluso, gobierno, sin más, aunque no es correcto).  Si además tenemos en cuenta el territorio sobre el que se ejerce ese poder, desde que aparece la civilización (la ciudad), entonces lo conocemos como Estado. Los gobernantes (rey, cónsul, estratega, califa, emperador, presidente...); los ayudantes de esos gobernantes: la Administración (=funcionario: los que cobran los impuestos, los consejeros del gobernante, los que vigilan que se cumpla la ley, los que juzgan en nombre del gobernante...); las fuerzas armadas (ejército, policía...); la Ley (con mayúsculas para entender que es el conjunto de todas las leyes).

 

El Estado asume todas las funciones del poder político y para desarrollarlas obliga a que se hagan las cosas (coerción) y  monopoliza la violencia (castigo). Son las autoridades las únicas legitimadas para obligar, vigilar y castigar. Por eso, la tentación para hacerse con el poder es siempre muy grande. Y, a lo largo de la historia, siempre, los que se hallan en una posición  social  privilegiada (porque tengan un acceso a la riqueza mejor que otros grupos sociales) buscan ejercer ese poder político controlando las instituciones: el Estado, garantizaría así el mantenimiento de su situación privilegiada. Por eso las revoluciones buscan siempre dar un vuelco a la situación política. Es importante, pues, conocer el origen social (grupo social de procedencia) de quienes ostentan los cargos.

 

 

No es de extrañar, pues, que las autoridades procuren el favor y apoyo de la religión (hacer del ejercicio del poder algo “sagrado”) para evitar que se les desplace. Ni que continuamente busquen justificar su llegada al poder como algo legítimo  (aunque pueda ser ilegal) y para ello se rodean de personas “estudiadas” que inventan historias justificadoras: los ideólogos que crean la ideología del poder.

 

 

Como el Estado se extiende sobre un territorio amplio, el poder político en algunos aspectos se “delega” hacia gobernadores de esos territorios más pequeños (provincias, nomos, satrapías, condados...). Es importante fijarse si el Estado que estudiamos descentraliza el poder o no.

 

Por otra parte, el Estado necesita de una base económica para llevar a cabo  sus funciones: invertir, pagar a los funcionarios... A esto lo llamamos impuestos. Y es de suma importancia conocer quién (grupos sociales...) paga los paga, en qué proporción...

 

 

Los Estados entran en relaciones entre sí. Pueden verse, casi siempre, a lo largo de la historia como en competición, buscando imponerse: la hegemonía, y el dominio sobre otros, o sea, ejercer de potencias. Esas  relaciones internacionales  también deben tenerse en cuenta: guerras, alianzas, tratados, conquistas y ocupaciones...

 

 

 

¿Qué y cómo piensan?:

CULTURA Y MENTALIDAD.

 

Por cultura y mentalidad debemos entender, en este caso, toda la creación  “simbólica” de una sociedad: la Religión, el Arte, el conocimiento de la Naturaleza y de la Sociedad, los ritos y costumbres... Simbólica porque se manifiesta a través de “símbolos”, o sea el signo (lo que se ve) y el significado (lo que representa)

        

Además, hay que tener en cuenta siempre que dado que la sociedad está dividida en grupos, esos grupos crean su cultura “específica”: su manera colectiva de relacionarse con la realidad y que puede diferir bastante de la “elaboración” de otros grupos.... o colectivos “nacionales” diferentes. Por eso, podemos hablar históricamente de una cultura “campesina” frente a una cultura “urbana”;” de una cultura “española” frente a una cultura “francesa” o “anglosajona”... Quizás la “división” más corriente e importante es la que se hace entre  una cultura “elitista” o “académica” frente a una cultura “popular.

 

Creamos, luego existimos.  Normalmente, se entendía que este “apartado” de la existencia de una sociedad no era “fundamental”. Pero todos lo son, y en igualdad.  Y es que la imaginación no tiene por qué ir por detrás de la “realidad” (reflejar ésta): la verdad es que, históricamente, somos lo que queremos y lo que creemos. Otra cosa es que acabemos en un callejón sin salida.

 

 

Lo que creemos: la Religión. Todas las sociedades históricas tienen algún tipo de creencia sobre “el más allá”, sobre una realidad no visible pero presente, que afecta al surgimiento de la vida, a su desarrollo y tras la muerte. Una realidad  “habitada” o poblada por varios seres poderosos (o todopoderosos: omnipotentes) que se hacen “ver” ocasionalmente entre los humanos. Les “dicen” cómo han de comportarse con la Naturaleza y entre ellos y para con esos mismos seres “divinos”. De ahí surgen una moral (=reglas de comportamiento entre los humanos) y unos ritos sagrados (=actos religiosos del individuos y del colectivo).

 

De la vigilancia sobre el cumplimiento de esas normas “reveladas” se encarga un grupo dentro de la misma sociedad: los sacerdotes. Estos pueden estar organizados en una institución fuerte (una Iglesia) que acumula poder y riqueza. Otras veces serán “sectas” con  menos “poder” pero casi siempre enfrentadas al “poder existente”. Por la importancia que la Religión tiene sobre el comportamiento individual y social, es necesario conocer esas creencias y cómo es el sacerdocio.

 

 

Lo que expresamos: el Arte. Nuestra especie, el homo sapiens sapiens,  es, por lo que sabemos, la única especie humana que además de fabricar artefactos, busca hacerlos singulares, agradables a los sentidos. Esta intención es la que genera el Arte: crear para agradar a los sentidos. . Eso se hace en “lenguajes” propios: Pintura, Escultura, Arquitectura, Cerámica, Orfebrería, Música y Danza, Literatura (desde que aparece la escritura, claro), etc. son expresiones creativas de la imaginación de individuos que “interpretan” a su sociedad y al tiempo que viven, creando un gusto: la aceptación como bello, de unas formas y de unos mensajes determinados: la Belleza. Eso visto en el tiempo, configura los “estilos artísticos”: características de expresión, composición, temática...

 

Conocer y entender el arte de una sociedad es conocer y entender, en gran medida, a esa sociedad: su sensibilidad, sus deseos y esperanzas, su forma de entender la vida, su habilidad técnica... y educar nuestra sensibilidad.

 

 

Lo que sabemos del mundo y de nosotros: la Ciencia y cómo la transmitimos. La interpretación que una sociedad hace de la Naturaleza y de la Sociedad tiene mucho de religioso y también de artístico. Pero no se debe olvidar que una parte de nuestro cerebro busca acercarse a la realidad con un sentido “más práctico”. Es el conocimiento racional de las cosas y de las relaciones entre las cosas: el fuego puede entenderse como un regalo de los dioses, pero su uso y su “fabricación” se “descubren” en la práctica: arden unos determinados materiales, en unas determinadas condiciones de calor, y de eso resultan unos determinados productos (cenizas, pero también fundidos o puntas aguzadas y duraderas, etc.).

 

Pues bien, el conocimiento técnico, su investigación y su transmisión (secretismo, escuela...) puede teorizarse, hacerse “simbólico”. En ese momento hablamos de ciencia. Inventos y descubrimientos se derivan de ahí. Los realizan personas concretas pero enseguida se transmiten: el conocimiento científico, es, probablemente, lo único universal de las sociedades: se transmite y utiliza, se acumula para la humanidad.

 

 

Lo que hacemos con nuestra vida y nuestro cuerpo: Ritos y costumbres, y Fiestas. En toda sociedad hay tiempo de trabajo (producción) y tiempo de descanso (fiesta). ¿Cómo se vive ese ocio? ¿Qué contenidos (religiosos o profanos) se le da?

 

Por otra parte, y muy específico de cada sociedad, es el trato que reciben niñas y niños, adolescentes, y mujeres. Ese trato, más o menos discriminatorio, nos dice mucho sobre las formas de integración social: opresión y violencia, igualdad y distribución de cargas, etc. Las costumbres sobre el matrimonio, la expresión de los sentimientos, la sexualidad, la vestimenta, etc. reflejan esas relaciones entre sexos y edades.

 

 

¿Cómo se ven a sí mismos y a los extraños?: autoimagen.    Una sociedad se crea una “imagen” de sí misma que le sirve para encarar su presente y futuro con optimismo o con pesimismo. Le sirve también para  “cohesionarse” y hacer frente a la diferencia con “los otros”. Aquí también se debe tener en cuenta las formas de “memoria” colectiva: la Historia que construyen: mitos y leyendas.

        

La visión que nos fabricamos de los “otros” es siempre por “oposición” a nosotros (como “buenos” o como “malos”; como “mejores” o como “peores”) y eso nos permite perfilar “nuestra propia autoimagen colectiva. Un ejemplo: decir que los “americanos son mejores”, supone que nosotros somos peores. Eso sí, todo depende del criterio: ¿La técnica de que disponen? ¿La vida que llevan?  ¿El cine que hacen?   ¿Lo que comen?   ¿La riqueza de que disponen?  ¿La forma que tienen de aumentar su riqueza?  ¿El poder que ejercen?...

 

 

 

Resumen

 

Cualquier sociedad humana es susceptible de ser estudiada en estos SEIS APARTADOS. No son separables, pero sí “disociables” con el fin de poder ser analizados. Quiere esto decir que, en la “realidad” se dan “juntos y mezclados”. Pero a la hora de intentar hacerlos inteligibles, podemos “disociarlos” y analizarlos por separado y en sus relaciones internas.

                                              

                               Estos apartados son:

                                   Espacio

                                   Tiempo

                                   Organización de la economía

                                   Organización de la sociedad

                                   Organización política

                                   Mundo simbólico.

 

 

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[1] Es decir,  propios del sujeto que los vive, y de ninguna manera idénticos a los de otro sujeto.

     [2] Ciclos de calentamiento/enfriamiento de la Tierra por el Sol; de desplazamiento del  polo magnético, de formación de las galaxias...

      [3] La Primera Guerra Mundial –1914/1918—es una guerra devastadora (unos 10 millones de muertos) como no se había conocido jamás 

          otra, por extensión geográfica, afectados y víctimas, tecnología y brutalidad. Otras después la superarán. De la Primera Guerra Mundial

          surgió la URSS –revolución rusa—al coincidir con otras causas, pero la guerra fue determinante. La URSS, superpotencia en el s. XX,

          rivalizó con EE.UU. y antes fue una de las potencias aliadas que derrotó a la Alemania nazi y al Japón (la Segunda Guerra Mundial,

          1939/45, y 50 millones de muertos). La parálisis económica, los problemas sociales, el falseamiento de la democracia... en suma, el

           agotamiento del sistema llevó a su derrumbamiento en 1991: el 31 de Diciembre dejó formalmente de existir como Estado. Así pues,

           protagonista del siglo, a su muerte “acaba la película”. Al menos, un  “capítulo”: el s. XX.